

En ese momento ni siquiera fui capaz de llorar, sentía como el mundo que tanto había disfrutado y soñado durante todo ese tiempo, inmenso y feliz, cayera sobre mí con toda su fuerza, volviéndola en mi contra. Como una piedra que presionaba mi pecho haciéndolo frágil e incapaz de moverse ni un poco. Volví a sentir miedo, a mi pasado y a mi futuro, pero esta vez porque en ellos no estaría Joseph, lo del destino era una mentira que nos habíamos hecho, jamás íbamos a poder estar juntos, porque mi madre lograría que no volviéramos a vernos. ¿Eso es el destino? ¿Ese era nuestro destino? Solo eran meras estupideces que sonaban bonitas. Recordé porque no podía darme el lujo de soñar, porque mi vida no era un cuento de hadas, más bien una pesadilla. La caída con la que siempre había temido, la caída al abismo del que Joe me había sacado… estaba al borde de ese pozo.Mi corazón definitivamente estaba hecho añicos, y era principalmente porque debería lastimar a Joe, y eso me provocaba náuseas y mareos. La cabeza latía confundida recordando los viejos tiempos. Ese mundo caían en picada, dejándome sola y triste. ¿Levantarse para volver a caer? Dos caídas, dos golpes duros.
Jamás me había sentido tan infeliz. En primer lugar era el tener que alejarme de Joe, en segundo, el tener que tomar el valor para hacerlo, e ir contra mi voluntad, en tercero, romper su corazón y hacerle daño, en cuarto la traición de Romeo, y por último el hecho de que mi madre lanzara tantas injurias contra mi Joseph de esa manera en el correo. Si mi corazón lo hubiese respondido todo le hubiese dicho con decisión que la persona que más lamentaba mis errores pasados era yo, que Romeo no era ni la mitad de buena persona que Joe, que jamás me había interesado el asunto de la sangre y que hubiese preferido siempre ser hija de muggles antes de tener que alejarme del amor de mi vida, que ella jamás iba a llegar a sentir por nadie el afecto que yo sentía por Joseph y que tenía pensado en algún momento entregarme plenamente a él. Pero es no podía suceder, porque mi madre movería sus contactos para llevarme a la otra mitad del mundo si era necesario.
Recordé que debía respirar y abollé el papel débilmente mientras profería gemidos desgarradores casi inaudibles. Romeo estaba inclinado sobre la mesa para ver mis actitudes, lo divisé de reojo, si le miraba definitivamente lloraría de desilusión, el había sido el mejor de mis hermanos, el más querido…Surgieron miles de preguntas dentro mí y no quise responder ni una, sabía que la respuesta directa y final era Beauxbatons. ¿No hubiese sido mejor ser prudente y razonable desde el principio? No haber caído en mil sentimientos hacia Joe, que eso nunca hubiese ocurrido… la despedida sería dura y dolorosa. Y yo no ansiaba eso para él. Nunca lo abría buscado estando en mi sano juicio, y sin embargo…Partida en dos, enferma de amor, perdida. Esperaba que Joe lograra perdonarme, el encontraría a una chica hermosa para ser feliz…
No pude evitarlo, las lágrimas desbordaron mis ojos apagados y tristes. Me tapé la boca para que no oyeran mis sollozos mientras guardaba con la otra mano la carta en el bolsillo y salía disparada al baño de mujeres del segundo piso. Casi nadie lo notó, excepto Romeo, que siguió toda mi caminata.
Todo pasaría al fin y al cabo, y solo pasaríamos a ser un recuerdo tormentoso de un amor que no pudo ser, una canción dolorosa, un sueño frustrado, un corazón roto, una ilusión esfumada, un suspiro que se lleva el viento, una historia que se lleva el tiempo.
Empujé la puerta y me adentré en el primer cubículo, arrojándome débil e indefenza en el primer inodor con tapa baja. Oí ruidos y risas chillonas extrañas, y vi a Mirtle la llorona, pero me dejó en paz raramente al ver lo mal que me encontraba.
Nunca, nunca, nunca olvidaría a Joe, lo llevaría dentro de mi alma, de mi corazón frío muriendo. Y jamás estaría sola, cerraría los ojos lo imaginaría a mi lado como un ángel. Ayer, hoy y siempre iba a ser suya.
A veces hay que resignarse a dejar atrás, dejarlo ser…dejarlo pasar. Y aunque Joseph lo lograría yo jamás. Tarde o temprano tenía que pasar. Del mismo dolor, vendría un nuevo amanecer, diría Gustavo Ceratti, pero conmigo se equivocaba. Sin embargo no del todo, poder decir adiós es crecer, afirmaba eso también…A lo mejor nunca es tarde, hay que quitar cadenas y dejar volar, y tal vez ese amor mañana vuelve a buscarnos. Eran mis esperanzas más vagas.
No tuve la voluntad y la fuerza para ir a clases, ni siquiera sabía si era capaz de ponerme en pie para ejecutar esa horrible decisión que había tomado. Ni tampoco me detuve a decidir como lo haría, me detuve a pensar en él, recordar cada momento perfecto, incluso el día que me habló por primera vez. El día en que nos besamos, los primeros momentos cuando peleábamos sin saber que estábamos perdiendo tiempo, del poco que teníamos…Todo parecía tan perfecto y que duraría por siempre.
Y sin embargo allí estaba yo viendo acercarse el adiós, viendo morir. Nunca olvidaría cada segundo juntos. Cada caricia, cada palabra, cada beso. Más lágrimas. Nadie ocuparía su lugar, siempre estaría reservado mi corazón a Joseph Anderson únicamente. Algún día lo recordaría como la parte más luminosa y feliz de mi vida oscura.
Y pasados unos veinte años solo seríamos unos perfectos extraños, y yo una mujer infeliz que querría volver el tiempo atrás. A ese tiempo en que los dos creíamos que jamás esto terminaría, que sería infinito, como mi amor. Tal vez nos veríamos de vez en cuando y nos preguntaríamos que tal. Y en cada mirada yo le recordaría como la persona que logró hacerme feliz, y que alguna vez habíamos pensado en ser eternos. Llegaría a adulta, fría e insegura, sin nada que decir, sin nada que ofrecer. Tal vez me recuerde un día, tal vez dos.
Se acercaba lo peor, finalizados los horarios ya no habría más tiempo, tendría que enfrentarme a Joe.
Llorar, a veces de nada sirve llorar. Sin embargo es algo inevitable cuando se está tan roto.
(Fragmento La Cierva de Cerinia, Potterfics.com)
No hay comentarios:
Publicar un comentario